BAL DE CHISTAU

ROCA Y VIDAEN CHISTAU

Por Francho Beltrán. Geólogo y enamorado de las montañas de Chistau.

Concha fosilizada en Cotiella

En la Bal de Chistau, la montaña manda. Todo lo que vemos alrededor: los paisajes, las gentes, sus casas, sus bordas y hasta su carácter están modelados por la influencia de las cumbres que nos rodean: estamos en el corazón del Pirineo Aragonés; el más alto, el más puro y más salvaje.

Entre tantas montañas es difícil imaginar que, hace cientos de millones de años, el Pirineo no era una cordillera sino una cuenca marina en cuyo fondo se depositaron grandes cantidades de sedimentos. No es que las montañas que ahora vemos estuvieran sumergidas bajo el agua. No. Es que no había montañas.

Las montañas del Pirineo se formaron a lo largo de millones de años, según todos estos sedimentos se fueron levantando, plegando y fracturando durante los llamados movimientos alpinos, hace unos 50 millones de años. La intensidad de estos plegamientos fue tal que, en el centro de la recién nacida cordillera, se produjo la salida de un fluido a alta temperatura que se encuentra en el interior de la Tierra y que se denomina magma. El posterior enfriamento y cristalización del magma daría lugar a enormes afloramientos graníticos, como los que hoy observamos en la zona de Millars, Leners y el Sen.

Por otro lado, esta intrusión magmática provocó alteraciones en las rocas encajantes preexistentes, desencadenando una serie de reacciones químicas que, en definitiva, son las responsables de la aparición de una aureola de rocas metamórficas (pizarras, calizas marmóreas, etc.) que son muy ricas en minerales, como el cobol (cobalto) o la galena que encontramos en antiguas explotaciones mineras del valle.

En la zona alta de Chistau domina precisamente el color oscuro de las pizarras, como las del Puerto de la Pez. Depositadas hace nada menos que 500 millones de años, son las rocas más antiguas no solo del valle sino de todo el Pirineo Aragonés. Por el contrario, los macizos de Cotiella y Punta Llerga que cierran Chistau por el sur, están formados por calizas blancas mucho más modernas. Y para el que no quiera subir a lo más alto, le basta darse una vuelta por los pueblos del valle y detenerse a observar cualquier casa, una borda o un tapial… para disfrutar de un compendio de la geología de la región.

Glaciar de Lardana

Todo este armazón rocoso se ha ido modelando a lo largo de millones de años, por la acción del agua y del hielo. Así, el aspecto actual de Chistau se debe sobre todo a los procesos erosivos sufridos durante las glaciaciones ocurridas a lo largo de la Era Cuaternaria, que cubrieron de hielos los Pirineos. Se reconocen cuatro episodios glaciares en los dos últimos millones de años, durante los cuales la Bal de Chistau quedó sepultada bajo cientos de metros de hielo.

En la actualidad ya no queda de todo aquello sino un pequeño reducto glaciar bajo la cumbre de Llardana como último testigo “vivo” de aquellos tiempos helados. De todos modos, las huellas del paso de los glaciares son muy abundantes, pudiendo observarse magníficos ejemplos de circos glaciares, así como valles con perfil en «U», de fondo relativamente plano y laderas escarpadas. Las acumulaciones laterales de hielo originaron unos valles secundarios que hoy han quedado colgados sobre escarpes, dando lugar a imponentes saltos y cascadas. La acción erosiva de varios glaciares en las zonas de crestas provocó, asimismo, el esculpido de aristas y crestas como las que se observan en la zona de Les Rechanzadas o en el Sen.

Por otro lado, la sobreexcavación producida por el hielo, dio lugar a una serie de cubetas que hoy ocupan diversos ibons, entre los que destacan el conjunto lacustre del macizo granítico de Millars-Bagüeñola. Cuando estos ibons son, finalmente, colmatados se originan los plans donde el agua se encharca con facilidad, lo que puede dar lugar a la aparición de pequeñas turberas como las de Plan de l’Abet.

Además de estas formas erosivas, aparecen morfologías de depósito, como acúmulos morrénicos y bloques erráticos (tarteras o gleras y cantals)  de grandes dimensiones que fueron arrastrados por los glaciares y depositados tras la fusión de los hielos.

Por su parte, la acción del agua es especialmente notable en las calizas, en las que los procesos de disolución generan unas formas características (el llamado “karst”) y que convierten a estas montañas en un auténtico “queso de Gruyère” dada la gran cantidad de cuevas y galerías.

Macizo del Lardana (Posets) desde Viadós.

Aunque los periodos glaciales quedaron atrás, la elevada altitud de este territorio, determina todavía hoy un régimen climático frío y húmedo, típico de alta montaña. Las precipitaciones superan los 2.000 mm. en las altas cumbres – siendo de nieve gran parte del año. El otoño y la primavera son las estaciones húmedas y el invierno la más seca, con abundantes días soleados que alternan con otros de nevada. El verano son frecuentes las tormentas vespertinas (con más de 30 días de tronada al año de media), manteniendo así el verdor de los pastos en la época calurosa.

En realidad el clima no es uniforme en todo el valle, pues las grandes diferencias de altitud  y el relieve dan lugar a una gran diversidad. Basta contemplar la diferencia de vegetación entre una solana cubierta de caxigos (robles) y un empríu u obago, (umbría) en el que los abetos conviven con los faus o hayas. En los lugares más elevados dominan los bosques de pino negro, dando paso a los altos puertos rebosantes de flores a principios del verano.

En el fondo del valle, los bosques de hoja caduca contribuyen a colorear de forma espectacular el otoño, destacando la belleza de zireseras (cerezos), azirons (arces) y trémols (álamos temblones).

En definitiva, un paisaje lleno de vida en el que chizardos o sarrios, chabalins, marmotas y… ¡quién sabe si hasta algún oso! conviven en verano con las ovejas, vacas o yeguas que pastan en puerto.

En la actualidad el Valle forma parte del Geoparque Sobrarbe-Pirineos, aunque toda esta gran riqueza de paisajes, de flora y de fauna hizo que en 1994 se declarara el Parque Natural Posets-Maladeta, ocupando buena parte de la Bal de Chistau. El nombre de “Posets” hace referencia a  la segunda cumbre más alta de los Pirineos, si bien en Chistau su nombre es otro. Con sus 3.368 metros de altura Lardana – que así se llama-  será siempre el guardián de este formidable paraíso.

EL RELOJ GEOLÓGICO

A veces es difícil imaginar la Historia geológica, puesto que el tiempo en Geología no se mide por años sino por millones de años. Para comprenderlo mejor, vamos a imaginar que la Tierra tiene un año de antigüedad, de forma que la Historia de nuestro planeta comienza el 1 de enero y ahora están dando las 12 campanadas del 31 de diciembre. Veamos:

  • 1 de enero: se forma la Tierra
  • Primeros de abril: Comienza la vida sobre el Planeta
  • Finales de noviembre: Lo que hoy es Chistau está ocupado por el mar. Allí se depositan las rocas más antiguas que se conocen en el valle.
  • 29 de noviembre: primeras plantas terrestres
  • Primeros de diciembre: Orogenia hercínica. Se forman los Pirineos por primera vez
  • 26 de diciembre: Orogenia alpina: se forman definitivamente los Pirineos.
  • 27 de diciembre: los mamíferos dominan la Tierra.
  • 31 de diciembre: a las 22 horas aparece el hombre
  • 31 de diciembre: a las 23 horas 59 minutos, Chistau está humanizado
  • 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos, 51 segundos: nace el Reino de Aragón
  • 31 de diciembre a las 23 horas, 59 minutos, 59 segundos: se produce la Revolución Industrial

 

En realidad, este hipotético año son 4.600 millones de años.

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